La abuela Juana recibe una carta de un familiar

desconocido. En ella, le dice que el cuerpo de

su hermana, desaparecida durante la Revolución,

fue encontrado en un cerro sagrado. El lugar,

antes un templo azteca, ahora es un campo de

batalla donde los ejércitos federales y los

cristeros se enfrentan sin piedad.

Juana viaja a ese cerro, donde encuentra una

cueva oculta bajo la tierra. Allí, entre rostros

tallados en piedra, siente una presencia que la

observa. La noche siguiente, sus nietos empiezan

a hablar en un idioma que no entiende, y sus

ojos brillan con un color extraño.

El sacerdote del pueblo, al enterarse, le

advierte que el lugar está maldito. Dice que

durante la Revolución, un grupo de campesinos

mató a un cura y lo enterró allí. Desde entonces,

el espíritu del clérigo vaga buscando venganza.

Juana, sin embargo, no cree en fantasmas. Sigue

investigando.

Encuentra un cuaderno de la hermana, lleno de

dibujos de animales y símbolos. Uno de ellos

coincide con el tatuaje de un sicario que

asesinó a un líder revolucionario. Juana

reconoce el estilo: es el mismo que usaba su

marido antes de desaparecer. Aprende que él era

parte de una red de espías que trabajaban para

ambos lados.

Un día, el espíritu habla directamente a Juana.

Le dice que su familia ha sido elegida para

pagar el precio de los crímenes pasados. Ella

responde que no teme a la muerte, pero le pide

tiempo para descubrir la verdad. El espíritu

acepta, pero exige que alguien de la familia sea

poseído como prueba.

El hijo mayor de Juana, que regresa de la ciudad

con nuevas ideas revolucionarias, es el primero

en caer. Sus manos comienzan a sangrar sin razón,

y sus palabras se tornan en lenguas antiguas.

Juana lo lleva al cerro, donde el espíritu lo

libera, pero deja una marca en su piel: un sol

con cinco rayos.

La revolución avanza. Los ejércitos se acercan

al pueblo. Juana decide revelar la historia de

su familia. Con ayuda de los vecinos, organiza

una ceremonia en el cerro, usando los rituales

que encontró en el cuaderno de su hermana. El

espíritu aparece nuevamente, pero esta vez no

busca venganza. Pide perdón por los errores de

los vivos.

Al amanecer, el hijo mayor despierta con la

mente clara. La tierra del cerro se calma. Juana

guarda el cuaderno y cierra la cueva con piedras.

El pueblo sigue en pie, pero algo ha cambiado:

la gente ya no habla de fantasmas, sino de

historias.