En un rancho de Michoacán, entre los restos de
una iglesia bombardeada por los federales en el
23, Doña Eulalia entierra los huesos de su hijo
menor bajo el huacal de maíz morado, mientras el
viento trae el olor a pólvora vieja. Él fue
sicario de los Carranza, luego del Zapatismo,
luego de nadie. Ella, bruja moderna, no rezó
nunca, pero sí habló con los muertos antes de
que el obispo les quitara la misa.
El exorcismo fallido no lo hizo el cura. Lo hizo
ella: con sal de mar de Tepic, cera de abejas
silvestres, y una campana de plata que robó de
la capilla de San Juan de los Lagos cuando tenía
trece años. El rito duró tres noches. Al cuarto
día, el cuerpo de su hijo no se descompuso. Se
levantó. Pero no caminó. Solo respiró. Y la casa
se llenó de sombras que no tenían dueño.
La regla que nadie recordaba: cuando una bruja
entierra a un muerto con ritos de los antiguos,
si el alma no se va, el cuerpo se convierte en
puerta. Y la puerta no se cierra.
Las vacas no dan leche. Los gallos no cantan al
amanecer. Los niños que nacen en la casa nacen
con los ojos cerrados, y solo los abren cuando
lloran por alguien que ya no está.
Doña Eulalia no llora. Cose mantas con hilos de
luto, y cada noche pone un plato de mole negro
en la puerta. Al tercer mes, el obispo envía a
dos sacerdotes. Uno se ahoga en el pozo del
patio. El otro se convierte en polvo cuando toca
el umbral.
La iglesia declara la casa endemoniada. El
ejército la rodea. Pero no entran. Porque el
diablo no vive en las paredes. Vive en la
memoria de lo que el país dejó de ser: cuando
los campesinos rezaban y los curas callaban,
cuando la justicia popular era más fuerte que la
ley.
Una mañana, una niña de ocho años —la única que
nació con los ojos abiertos— abre la puerta.
Sale. Camina hasta el río. Se quita la ropa. Se
mete en el agua. Y deja que el cuerpo de su tío,
flotando desde el fondo, la abrace.
Eulalia no la llama. No la busca.
Sabe que el exorcismo falló porque el diablo no
era el muerto.
Era el país.
Y ahora, la casa es su tumba. Y su altar.
Y nadie, jamás, volverá a salir.


