El cuerpo de un hombre es encontrado en un
basurero, su rostro deformado por quemaduras. El
detective cínico recibe la llamada a pesar de no
estar en activo. La víctima era un antiguo
guardián de un templo abandonado, ahora
convertido en un barrio marginal.
El lugar está bajo control de una mafia local
que opera bajo el amparo de un pacto oculto con
figuras del pasado. El detective descubre que el
atraco fallido no fue un crimen común, sino un
intento de robar una reliquia que podría
desencadenar una fuerza ancestral.
Una mujer mayor, miembro de una familia de
curanderas, le entrega un mapa antiguo que
muestra el camino hacia el templo. El detective
se niega a creer en magia, pero las pistas lo
llevan a un ritual prohibido. En el centro del
templo, encuentra una estatua de un dios
olvidado, cuyos ojos brillan al tocarla.
La mafia ataca durante la noche. El detective
resiste, pero es capturado. En una celda
subterránea, escucha a un anciano hablar de un
acuerdo hecho con el dios: cada generación debe
ofrecer un alma para mantener el equilibrio. El
detective se da cuenta de que el atraco fue un
aviso.
Al salir, el detective deja el mapa en manos de
la mujer, quien lo quema junto con una ofrenda
de maíz y sal. La ciudad sigue viva, pero algo
ha cambiado en el aire. El dios no está
satisfecho.


